14 de julio de 2009

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Los payasos no tienen la culpa. Los hombres sin pene ya pueden ingresar en el ejército. Los pulpos tienen varios corazones, y no sé en cuantos suspiros cabe su memoria. Quizás provienen del mar y aspiran al fuego. Soy consciente de mi desasosiego. No pretendo echarte a caladas de la realidad. El motivo es tener que ser este, un espejo roto. Los cristales del acuario se parecen aún ahora a la caricia acostada de voz vencida. Las pupilas interminables de cada pesadilla. Los simples motivos por los que te escriba nunca son gratuitos. Saben sangre, vienen de la velocidad del frío y vierten salitre en cada bocanada de oxígeno peligroso. De arcadas. Escribir es el mayor vómito existencial reza cualquier puerta de retrete cóncavo. Supongo que en inglés sonaría mucho más fructífero y menos dactilográfico, amparándonos en que esta última palabra exista de verdad, pero lo cierto es que: eres la jodida cosa auténtica y capaz de desenjaularme más maravillosa de las que no he visto en mi vida. Los últimos momentos en que los imagino, a esos segundos de abrazar tu espalda deben ser apenas seis palabras que se rozan entre décimas de fiebre. La magia castañea en tus dientes. Sus fotos son las únicas que no caen en el ventilador de la angustia. Capaz de morder. Concretaría un punto medio, de color gris sin duda, si no asumiese que el gris no existe.
No sólo no acabé encerrado, además, me quedé con un tomo de esos de autores de obras completas a mala erre; sin avisar y sin ninguna aproximada intención de devolverlo. Los cuentos completos saben más de mí que cualquier línea de alambre invertebrada. Llevo treinta y un minutos escribiendo. A menos de dos minutos para resucitar, dicen. Hay viajes que se inventaron para abrazarte. He escrito esa historia más de mil veces, ordenando desordenadamente todos los paisajes posibles. Las destilerías de la dormidera en mordedura química. Todas las frases pintadas. Tejados que se mueren de sed mientras permanecemos de espaldas. Los todos, que se estampan contra la intermitencia. Igual que el llanto de los mosquitos hacia todas las heridas del cristal besado. El sueño del sábado fue crujiente y a la mañana siguiente todos los discos tristes habían salido a la venta. Explosiones de pintura mejorada. Igual que la saxofonista sin pulmones que amaba los días de lluvia y tenía las tetas más desnudas que cualquier ventana. No está escrito en ningún sitio que vaya a ser así. Las ciudades no son grises. Las nubes son los únicos labios de láminas con viento. La quietud es un bálsamo precario e irreal de ladrillos. Todo el fuego. Página cero.

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Letra ele. Verbo de penúltima conjugación. Irregular, inestable e inflamable, como las flores que se queman. Acción de leer las palabras con el corazón mientras las letras hacen el amor con todo lo que es ígneo, y acaban follando hasta hacer quebrar cualquier ortografía. Escuchar la sombra musical del silencio más roto. Arañar abrazos por dentro. Morder las preguntas hasta lamer los pétalos de cada tejado. Ojos. Ojos ciegos, tormenta y salvavidas. Color que estalla. Silbido, con ventanas o sin ellas, de adentro para afuera. Azul daltónico o violeta de besar salitre. Invasión de los mapas donde caen lo que lloran los niños. Dícese del aprendizaje de lo infinito en arena. Sonrisa e isla de cerilla en altamar. Donde nacen las primeras grietas antes de caer la lluvia.

28 de junio de 2009

20:39

un minuto y veinte segundos,y un segundo más. armarios abrazados en una habitación. cámara vacía. hay un cuadro daltónico que parece desnudo.como si no encontrase el espejo. del revés.

12 de marzo de 2009

uo

bueno...


(buen intento)

4 de enero de 2009

este ni aquel

he pagado dieciseis euros para que un tío que en las contras de sus libros es el rockero de la literatura europea(como mínimo oiga...) toque lo que no es suyo de manera ni siquiera medianamente destacable. el rock europeo tampoco escapa del fracaso del facsímil fácil, supongamos querido editor. a todo esto a nadie le parecerá extraño la falacia de la avogacía...y no entender el término de propiedad intelectual, ni su mínima validez. lo cierto es que aquel niño hizo el exacto mismo ruído. es decir, es cierto. aquel niño sacó una foto con ls ojos bien pegado a la ventanilla o a mi respaldo, eso último da más o menos igual. no pude escucharlo ni mejor, ni dos veces. no es muy necesario empeorarlo más. aunque cada cual puede morirse donde quiera independientemente de que los bares se llenen de fútbol o de animadas revanchas al grito justo cuando uno roza la afonía. o desista del olvidarse pasar una y otra vez resbalando entre el pan en busca de algo distinto. o siga teniendo un frío atroz en la sección de congelados y ya no sangre adecuadamente para la náusea. en el mejor significante de náusea. es decir, una náusea de descapotable digamos. a la cabeza le resulta muy olvidable las preferencias a no pensar. y lo pensable suele ajustarse a de que lo invisible no se hace quejar nadie; no es muy buen papel. o peor dicho, no es un papel que se haga más arrugable todavía por mucho salitre que vuele. ya vuelve la libélula a reventar la preferencia. vuelvo a encontrar una nota en la cocina. intenta no saber que se está centrifugando en l terraza. si el vacío o las ganas vacías. cerveza inocua para la mecanografía tatuada. y tantos desayunos más. me gustan los techos de tu casa, sabes? a ellos no les importa una mierda la memoria. ni que has cenado o si meriendas o no. ante todo, no suelen contagiarse o uno no les puede contagiar...y siempre preguntan por lo que lees, no si vas o vienes. se diría que a escondidas, saben mucho de defectos visuales: sean distancia o crómaticos en su decadencia. el tocadisco no sabía de tormentas recauchutadas en pintura para asfalto, pero al final se cerró la persiana del primer pentagrama. los semaforos aún no reinventaron la nada. y el martes acabó por estornudar al sentir las cosquillas del tranvía.

27 de diciembre de 2008

(!)



lunesensabado

La verdad es que sí que llegaba tarde al hospital. Aunque para la planta de cuidados paliativos nunca se llega tarde. No es cosa de la impuntualidad. Sólo hay espera sin ningún sentido.

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Me caí de risa eh...,?- me dijo el llanto.

0.2

XXX
Garabateaban el gateo de las líneas del caos. como ozono,en puntos suspensivos...
XXXI
Como ozono en puntos suspensivos. Seguir perdiendo rastro. La falta de capacidad para concretar desiste un acercarse en un cerco. Quiero anular el billete-dije veinte minutos antes. Hubiera sido mejor un vente que un veinte. Así salpicado de corchetes desconchados como las no primeras paredes a las que temblé. ¿Cuánto puede doler la incapacidad para extinguirse de las vocales polares? Hemos arrugado los árboles y hasta la humedad de los parques. No quería contar, porque contar es encontrar, algo tan triste. La palabra alrededor por ejemplo, como cuando un ombligo para el extrarradio del cuerpo o más bien del corazón que late...a donde descansa todo el humo y la ciudad.
XXXII
Pupilas reconocidas en el paladar. A doce cielos del cielo de la boca. Eché a correr para no alcanzarme.Me voy a sacar fotos. Algún día te las enseñaré todas. Tendría el extrarradio de mi corazón parasiempre en su ombligo. Así que todo fué mucho más dificil que la pregunta. Mucho más que mucho más. Nadie robaría un nunca de mi parte de hoguera en los ojos. Asirnos al revés. No se cabe. No se cabe, no se cabe que se acabe. Nadie más tiene un pedacito de nuca en la punta de los dedos. Es como ser de tiza.
XXXIII
Hola, ayer desapareciste, de repente todo el mundo empezó a preguntar por ti y ya no estabas. Te vi salir, pero no le di importancia, pensé que saldrías a hablar por teléfono o algo. En fin, que me da igual, cada cual a lo suyo.
Todo esto lo dijo. Pero no era así. Todo lo que le tocaba se convertía en cosa suya. Y les pasó a los dos. De haber subido o bajado unas escaleras de madera y termitas como las que existían, el ruído acabaría volcando un aroma a reconocible. Como al callarse en una habitación otra y escuchar que pentagrama consigue una persona entre tu casa: con la cocina, y todos los cacharros, las puertas, los pasos o los reflejos de las ventanas sin lado ajeno. Así que su ruído al acercase a interrogar los silencios respirados de los interrogantes con patas fué un, sonríe pequeño. Y entonces el obturador despeinó todo lo demás también. Cuando necesitó un espejo para que las palabras no se volviesen aprendices suicidas expropió lo siguiente. Y es que aunque ambos fumaban no quisieron seguir respirando silencio sin apagar la luz. Antes, coseré como no dejaron que fué. Luego funambulista del sí. No un: -Perdona, ¿ Tienes fuego ?
Fué: - Y tú, ¿ Tienes ganas de desayunar conmigo ?
Hasta las tripas de los semáforos saben que es una auténtica putada desenlazarse así con alguien capaz de acercarse a quien se cerca. No hay suficientes pasos de cebra que regalarle a su eme. Me gustaría curarle las nubes con la posibilidad de una caída muda.
XXXIV
La verdad es que no me gusta lo que has escrito. Pasamontañas. Y las contras de las ventanas. Verdes. Con minúscula...verdes. Antes de morder.
XXXV
Al caer la noche, cayeron nuestras tejas que no se cruzaron. Gritaron que perdían para perderse jamás. Agarrarse entre cosquillas de niños confusos de derretida irrealidad. Esta vez no hubo que temblar de miedos postizos, tan sólo desabrochar todos los callejones de los dedos, y dos corazones se arañaron a conocerse y a comerse el antes, y que no hubo pared sino el techo de los ojos a bocados de lluvia, hasta caerse en un nombre. La respiración empuñaba cada boca y empañaba lo salvaje. En el vértigo no cabía nada más. Amar la sombra de un acordeón vientre a vientre. Acostado de nuncas. Te tengo miedo a ti. A ese tú. Toda la fuerza del miedo sabe a que si el corazón pensase se nos pararía. Nunca había respirado así.
XXXVI
No saber lo que te entra por los ojos. Arriesgarnos siempre a sufrir una pequeña asfixia. No es una cuestión de interpretación. Siempre se espera una tormenta distinta a la tuya. En un tobogán, como si las nubes supiesen que no hay dos dolores distintos.
XXXVII
Los fotógrafos copian y mienten, así pone una nota en la cocina. Por eso aquel día en que uno me dijo que no tomaba partido se me vació la calle entera. Me hice francotirador, daltónico claro. De lo impar o lo imperfecto. Necesitar meses para construir algo que termina en el momento más indeseado, y necesitando nada más que de un tren para hacerte llorar. Subterráneo o no. No es un detalle: incendios a exterminar quemando al todavía por todo el dentro. Las nubes arañan de bufandas el cielo porque arrastran su pasado y se están cansando de estar arriba. Le gustaba mi nombre.
XXXVIII
La sangre del tobillo era la raíz o ese seguir escuchando los trozos. Se puso en manos de buscar el calzado más azul. Estaba llegando tarde. Esa habitación tiene lento y terrible en vez de números. No hay más que esperar. Desciende el garabato a dispararse. No compite. Médicamente se corresponde con agitado. Sin movimiento no hay vida. Así me conduce. No es biología. Si no, pasaría por el mundo un momento, y no sentiría nada más. El color requiere la atención en mayor grado. Anacronismo de un desmayo. La última generación que estranguló los sitios. Vendas maquilladas a máquina de escribir. Hay bichos que saben que el verbo de la caída no se corresponde con la gramática. Buscarse estrellas desde la basura.
XXXVIV
De bruces o de brutalmente. O esta almohada bucal de encías doloridas. Nadie se cae de miedo. Y saltan quienes saltan. Honestamente no hay propiedad para la sangre. Y los ojos descalzos de ventana. Aire.
XXXX
Que alguien recoja los azucarillos abandonados al café suicida. No hay nada a prohibirse. Que nadie rebobine un cuento...el corrector bucal de la sonrisa de la luna miente de afonías feroces. el corrector bucal de la sonrisa de la luna miente de afonías feroces. Algún día sabré si el charco escrito es el que más mancha. Que se olviden los días de llorar por las venas. Hay neón roto y demasiadas alcantarillas.
XXXXI
Cuando vi el disfraz agujereado no pensé en la bala. Ni en la vocal herida. Agujero de entrada a pensamientos. Ahora busco el de salida; como si la parálisis de los pies tuviesen algo que ver. Arrastrar el desfiladero de terribles colores.

25 de diciembre de 2008

jodeteniñxdios

soy lo peor que le ha pasado en su vida

soleadafrio

en el vacío late la inédita infinita posibilidad de lo imposible que hace a cada ciuad tan pequeña que vomita gestos seductores de peligro antes que de olvido

silba para hablar de silbidos

del silencio nadie se lo creía, pero Èl aún la distancia de todas las pedradas de heridas de no verte

empezó a masturbar el corazón del mundo
hasta recomenzar el verbo temblar

sin ayudadenadie
con todos los ataques vivos del corazón que hizo grito y silencio en todos los diccionarios que no existían

22 de noviembre de 2008

88:87

Tiempotristeplaya, vamos a comernos las manos. de sudar todas las miradas.
instrucciones para el miedo
sé más subterráneo qué él y adentro entreescaleras deshazlo bocabajo
nada y muerde las burbujas desde el suelo
si ves fuego entre el salitre escoger entre
extintor de lluvia o estertor extinto de mudez

21 de noviembre de 2008

Hazte escritor,notejode.

(Acorde en desacuerdo)
I
Imitar es limitarse; y hasta ese momento la idea estaba tan desnuda cómo escondida. Nada hacía pensar que el golpe fuese a llegar con tal dureza. Aunque, ateniéndose al primer pensamiento de cualquier personaje simplón e idiota, lo que llamaba la atención de dicho golpe no residía en que fuese duro. Lo verdaderamente difícil de masticar era eso: había sido un golpe bajo. Tan crudo y a solas. Cuando el teléfono dejó de sonar sintió como si un pantalón de franela hubiese caído pausadamente desde un piso diecinueve, buceando hasta el octavo con un atrayente baile de oscilaciones que parecían sopladas desde la espera más contraria a la ley de la gravedad, para finalmente, cargarse de pesadas chinchetas que lo harían atravesar al final de su caída, hasta el olor a tempestad más duro.A cada paso un tejado se venía abajo. Los odios ofrecían el sabor de los espejos retrovisores, que sin llegar a romperse desprendiéndose del resto, se quiebran en ambos lados del corredor de cristal. Quiebran el adentro y el afuera en tantos pedazos como con tus ojos seas capaz de contar. Entonces uno sabe que no hay más ahogo que abandono en esos reflejos sin zumbidos de mosca.
II

Se pueden cruzar puentes. Y se pueden cruzar puertas, pero ninguna mirada enturbia un río entero. Y dicen, y digan, literarios y reales. Después vendrá la forja o el hierro, las palabras llenas de música, los besos volados o de plata contra todas las lunas…como atravesando el alma, despacio, a muerte.
III

De mis segundos sangrados ninguno ha alcanzado la categoría de simbólico. Y es que no hay espejo que le valga al tiempo. Ni nucas que desprendan la palabra inocente. Aún así, con los suspiros desventrados intento dibujar mientras voy empañando el aislamiento. Gota a gota, como el pantano que emborrona la cura de todas sus nieblas. Hubo una vez, y más veces. Un deseo desmemoriado. Junto a la vía del tren, mucha gente me pregunta, e insisten. Preguntan por él. Casi nunca acierto a saber qué quieren. Casi siempre parece de mí. Casi todo momento voy, incluso escupiendo desde la página anterior. Todas mis dudas que no lo son. La fallida arquitectura del argumento. Las edades de los carteles arrancados. Esculpiendo mi unipersonal pandemia de convidado del silencio. ¿Cuál es el eco de una bañera inyectada de talento que teme la tregua y a la vez, muere mordiendo su agitado infinito particular? Claro que a mi no me pregunto nada ¿para qué intentar ser elegante desde lo salvaje? Método de escondite en un sótano. La afirmación sorprende. El absurdo de pecera. Las curas de tres segundos. Oleaje a la nada. Sus escaleras son fetiche. Se hacen pasar por mí. Luego nieva, callan las esquinas. Trotan los caballos en la celda. Vuelven los círculos de tiza. Lloran piedra las ramas de los árboles, si llorasen. El encargo de volar sobre la tiza.Y nadie sabe adonde vas.
IV
Se despierta el descanso entre las sábanas de arcadas. Se despierta o me despierta. Grandes nombres sobre líneas negras para no pisar. Para no pisar cuando quiero pisarlo todo. Estrella en espera. ¿Y ahora? Si esto no es una explosión…¿Todavía crees que salté a tiempo de aquella avioneta? Vuelo en extravíos. Saciedad surcada de brillantes mentiras que son siempre para otros. No para ti. Abrazo quemado. Última pregunta. ¿Qué sentiste al digerirme con grafías tan tuyas? No sé de quien las gurdabas.Creyó que era el guardián de nubes. Silbando, cayó como si fuese una herramienta más. Una herramienta menos. Soliloquio de multitudes bajo el vagón. Sueños de farolas parecidas. Un viernes me sopló tres dudas: la primera fue si se contagia la muerte; en las dos siguientes salí corriendo sin precio a pagar por la carencia de escenario. Las presencias de una ausencia retumban tan fuertes, que la digestión es pesada y expulsa todas las pulsaciones, y las luces se apagan como un capitán degollado. Al cabo de dos portazos, no hay loro que cante. Ni parche en el ojo para no ver como todavía sé decapitar relojes. Piscina de lágrimas sin hogar. El viento viaja en las ventanas. Pintalabios de la duda. Otra sonrisa más gratuita que un regalo. Quiero saltar al vacío y no encuentro mi balcón. La cámara líquida. Besos de piedra acorazada. Suspiros en braille y dioses sin llanto. No queda luz roja. Salté de sus ojos a un pedazo de colchón.
V
Acá las moscas buscan islas sin gasolina. Y quieren arder o quemarlo todo. Lo más parecido a esto es el deslizante frío en el pasillo de congelados. Eso es lo más cercano a un junto a ti. Cuando más se nota el no llevar a alguien agarrado a tu mano. Ningún maldito collar de supersticiones evita esa sensación de suicidio vacío en una habitación de hotel.Los pararrayos me sirven de desayuno, y rugen a lo lejos los mástiles de los barcos que no veo. Cosas de las islas, pensarás. Junto a los vagones ya no quedan más esperas. Los caleidoscopios llegan remando en oraciones imberbes, secas de estaciones programadas. En las curvas, suben agarradas las bufandas del asombro y la policía busca mitos plastificados. Es el más lejano alrededor. Las siestas de domingo esconden acidez en vena. Voces lentas, muy lentas centrifugan la nada, y las mascotas de Julio Verne recitan versos cada 180 días. El cielo sigue bajo techo, como besado en cualquier bar. Aúllan las farolas y la ficción se fuma las mañanas. Y es también la ficción la que extiende la existencia.
VI

Como no duermo, no entiendo la vida. Así que, lo entierro todo. A ver si algún día lo encuentro o alguien me encuentra a mí. La nuez moscada que desata el reñir de la farola con las sombras paseantes me cuenta el secreto del acero. Mi horario de sueño es retransmitido por el humo de un orgasmo, que son cientos. Y libretas que no caben en el verbo acabar. Es la constitución inalámbrica de la quietud la que respira el frío más lumínico. Su velocidad es la misma nieve al arder, y su llanto el de las torceduras de tobillo de un gigante. Quisiera corregirme sin abismos. Respiro con la propia fricción de la existencia que logra extender la ficción. En un sótano no se pueden comenzar los viajes hacia delante. No me uno a ti porque no deseas un corazón deshabitado. A veces me dejo descubrir, pero resulta obsceno saber andar tan sólo por la vertiente enloquecida de los vientos y apoyarse en las sombras. A no dejarse querer. Por eso sueño escombros. Por todo eso, y nada de esto, escribo con círculos de bicicleta un millar de elefantes de porcelana con las ruedas sobre la arena. Cercenar ideas que son oleaje en vena. Y bailo así por ver si se hunde el suelo. Ya sabes porque no me han podido enseñar. Cada mañana en el vacío, las uñas a la enredadera. En la enredadera.
VII
Quieren los corazones a los abismos, saben de los caminos que no lamen la vida. Muerden los corazones, cada uno consigo mismo. De los bordes y los límites de los luego o los después, o del fuego de los aviones van perdidos. Sin documentales: ¿quién ordena un corazón? Si no quiebra se rompe hasta el aire. Los techos del viento van después. Todo beso sin coser se parece a un traspié. Viaje en mordazas para la satisfacción de usuario en el catálogo del tiempo. La suciedad de los agujeros cuando se sacude el bombardeo de sombras. Esa inquietud que no se escribe. Se le rompería hasta el sueño.
VIII
El amanecer en prospecto de farmacia. Derrumbes que tiranizan el alma. Solsticios…que ni aún así detienen la ceniza en las pupilas. El dolor de la lavadora, el olor a desastre cúbico. Las alas serradas del olor a encerrado cuando la quietud transpira sin mirar tus manos. Armas refrigeradas en desidia. Serpentea el tiempo. Otra vez el tiempo. Tímido, serpenteando de verse pasar huyendo sin tocarme. Amor de lavadora. Ni se asoman los nunca llegan. La doble respiración impar de la rabia. Cuanto menos quede…y más a la deriva. Más sin brújula y menos escafandras para respirar, para lastimar lo que acabaré por escupiros. Ódiame que llegue a verte. Huele mi cuerpo a ruina removida de lo derruido. Clavado en cables, anclado a donde quiero ir. Me fluye la destreza de los miedos, aguanto desorbitándolo de mí. Enfermos los globos, ardiendo de mar, soplando costuras: las noches de las no noches. Espero a que todo esto eche ruinas
IX

A mi me gustaba la lluvia. Encerrado en nubes. Creí que sería suficiente. Hacerme con el cielo y su descanso, guardar retales de la bufanda que nunca tuvo techo. Bailar con lo que ha sido. Morder infinitos sin tener un arriba, ni un abajo.
X

Las patas de la luna han rozado las antenas. Y ahora se pelean por las esquinas como si tuvieran las manos llenas de recuerdos. Todo hacia el final de la semana. La violinista tocaba allí, al fondo de las pupilas de la gente. Muy, tan dentro que aceptábamos aquel rugido sin garaje. Sin lugares, ni paisajes, más que nubes dentro de vasos. Y latidos de amplificadores con distintos acentos. Los enchufes aflojaban el aroma de apretarse entre el humo tan viajante, pálido de encontrarse entre los brazos. Versos percutidos de llantos mal tapados. Seguíamos viendo al batería como quien asiste a un secreto tan adentro suyo que lo baila encima de un sofá. A punto de descalzarse. Teatro de la nocturnidad y un gemido de locura que atisba un naufragio y sigue respirando. Su batería era más que capaz de abrazar nuestra necesidad de sentir. Almas movedizas con sequedad de blues. Dicen que las canciones no se pierden aunque duermas y despiertes a deshora. O que las manos solas no se queman. Sus ritmos hacían tiritar la histeria. Hasta borrarla. Manchada viva, como esas canciones en las que no estaba prohibido llorar ni saltar de besos ausentes. Siguen robándonos cuerpos queridos. Ni un sitio en las escaleras para volar hacia las sentadas baquetas de pentagrama nómada. La tinta más cruel es la que no sabe llorar vaciándose. Siguen robándonos cuerpos queridos. Ahora los domingos se vacían, afilados.
XI
Hay animales que mudan de piel para que aprendamos a desnudarnos. La pared estaba manchada de frases sin sentido. Solía subirme a los balcones, saltaba en las farolas, me subía a los coches. Me subía a las ventanas y a todo. Los callejones respirarán salitre y menta. Es el sol el que hace el amor con los periódicos gastados.
XII
Rebelión por fascículos. Puertas rotas, entreabiertas, esperando al sol como a un poeta eléctrico. Todos y cada uno de los silenciosos incendios. Hotel sin paredes. Déjame que te busque otra vez.
XIII

Jarabe para la tos. Me siento inútil para la inutilidad. Sí, para eso también.
XIV

Subir hasta abajo. Azoteas rojizas o tejados de caoba, o sombreros de vino rosado dulzón por las que saludan metálicas dentaduras de la modernidad. Secuestros dentro de la palabra nunca. La fotografía escrita exigiendo la dimisión del invierno. Rema conmigo la duda. Intenta acordarte, invierte tu dinero en un piso con terraza. A partir de ahora la usarás más que ninguna otra parte de la casa. Eso sí, cuando se hable de todo lo anterior, de casi todo, procura anteponer a la palabra dinero un verbo que implique posesión. Es por eso que abren tan fácil las salidas de emergencia a poco que te deslicen hacia ellas. Y ellos no juegan con “pocos”. Eso de la seguridad no es más que un papelito adhesivo fácil de escribir. Su vocabulario no es lo único que empuja. Te verás fuera y no hará falta que alguien lo prometa.No olvides saludarles al llegar, haz postales instantáneas con el dedo corazón. O lo que tú quieras. Plastificada el alma; reformula el asco.
XV
En aquel prospecto doblado en cuadrículas era la cordura la que desalojaba a la poesía. Los pasos falsos de los gigantes necesitan cada vez más tornillos. Y son las uñas las que crecen del revés, igual que las promesas. Los octubres se mantienen en el calendario a fuerza de ir gastando sus sombreros. Adelante, anuncia un neón que nos marca el callejón de la salida aislante. Los besos mojan un mando a distancia, la censura se dicta en verso, el teatro es el nudo coagulado de una escena que sabe a plástico y astillas de madera. Los corazones son parches de colegio, huelen a escaparate y promocionan colecciones de primavera-verano. Los reencuentros, como los vasos manchados, no saben mentir. Las estatuas son las únicas que conservan sus pulmones.
XVI
Subió las encorvadas escaleras acompañado de una campanada a cada paso, mientras la huída en espiral le recordaba que llevaba su casa a cuestas.
XVII
La noche que dormimos juntos, yo y Bobby Fischer, estaban buscándonos. Malditos múltiplos de ocho, pensamos. Que poco frío hacía. Subasta de movimientos a la baja. Cuídate, me dijo. No hubo alfiles, pero al filo del final yo sabía que no sabría quedarse. Y él no pudo irse. Al irnos, seguimos separados: diagonales, incoloros, impares. Como las gafas al infinito. De momento no sabíamos ser estatuas.
XVIII

Ahora que llovía todo le parecía más peligroso; las piernas, los bancos, las maletas de piedra, los paraguas sonrientes. El sudor de la lluvia abrasa con la velocidad del frío. ¿Existen los besos con efecto invernadero? Las ventanas se empañan del miedo de los cigarrillos. Duele tanto que no consigo que me duela nada. No me atrevo a salir. He silbado tanto como me dejaron. Hacia la ventana. Tienen frío mis pies. Aún son pies.
IXX

La mentira sabe a rezos de parking. Sólo cuando sueñas supuse yo, que entonces nunca soñaba. El fin del mundo es un parking bocarriba, le dije.-Subterráneo?-Subterráneo, sí-¿Y por qué el humo de tus cigarrillos es azul?-Porque no soportaría respirar dos veces exactamente el mismo aire que tú…que aquel, que este otro…-Ah…por eso tus canciones y tu voz son de ceniza-Sí, por eso y por culpa del olor a salitre mezclado a tu pelo-Vaya, ¡gracias!-No me lo agradezcas, no es un cumplido-Por eso mismo lo hago, porque no lo es. Bueno, esta vez me toca marcharme a mí ¿verdad?-Sí, es que yo no creo en nada, ni siquiera en dentro de diez minutos-Lo sé; pues hasta otra. Y que sepas que tú también besas muy bien.
XX
Sociología para no matarse. Cinco años dan para muchos círculos de cicatrices. Y para multitud de días extraños en la cara pálida de las muñecas. Tytadine de la nada que no explota. Bufanda de alambre oxidado. Punzante y sin afilar. Bebo sopas de clavo y tornillos. Se caen de mis ojos tijeras heladas. De los agujeros sólo conocí el vacío y no el refugio. De la fuerza se me quedó el desaliento. El mundo cabe en una bolsa de basura. Y me toca la lluvia enloquecido y deshabitado. ¿Toda la culpa es culpa?
XXI
Me visto con mis canciones de papel. Es el disfraz de cobarde que uso. Rearme invisible que se resquebraja. Junto a mi diploma de perdedor. Para que así puedas creer…pensar…decir.-¡Mira, ese chico va disfrazado!
XXII
Las casas que visito tienen grandes agujeros carcomidos. Sótanos con tacto y voz de gusano retorcido, mugriento. Repisas venenosas y sombrías. Jardines carnívoros que ayunan soledad concisa. El tejado llora por dentro, miel de sangre y suelas de zapatos marchitos. Sus tejas son uñas desgarradas de una carne que ya no existe. El puente que cruza el estanque rodeando la picuda figura es una sonrisa hacia abajo. Desencajada y terrible. Las ventanas ojos sesgados, con persianas de órbita desorbitada. Las cortinas se muestran a contraluz como párpados y córneas quemadas míseramente. La hojarasca que abraza sus paredes son cabellos arrancados por la desesperación de la muerte prematura. El espejo de agua circular clama el llanto de la niñez sin nombres. El timbre de la entrada trae el eco y el quejido de todas las hambrunas posibles. Ya por dentro, las bombillas que cuelgan dan luz negra de girasoles decapitados. El color de las paredes es el del odio puro, respirado. Odio respirado. Vacío respirado. Sin boca para el llanto, cualquiera pensaría que se me permitió quedarme del otro lado por si me gustaba hacer retales mal calcetados de la poesía desde fuera. Todo un género. Las batas dictaron en mi inteligencia toda la salvación que tendría. Para verlo desde fuera. Vivirlo desde fuera. Ese fue el pasaporte que dio la medida en lo que va de la receta al encierro. En algún parpadeo debió pasar. Y se me dispersó otra vez la atención. Muros y miligramos en el iris no parecían cálido terciopelo de aduana, en el que recostarse a convencerse del adentro y el afuera.
XXIII
No intentes huir de mi espalda, le dice la memoria a los sueños. Pensar, no pienses. No pienses en llevarte mis sueños sin memoria. Hervidos en memoria. La muerte entierra las malas heridas. Un susurro eléctrico. Olor de cicatriz a ciudad.
XXIV
Somos sombras de asfalto. Nubes mojadas de cemento inquieto. Voces veloces sobre raíles blandos. Hormigón de consumo enrejado. Metal plomizo. El último minuto de esta vía. Beber de una boca quieta. Si la noche fuese como un torreón antiguo clavaría sus altas escaleras en mi espalda. De una en una. Estallando todas sus mitades, y las mías. Sin edad. Es cristal todo lo que no estalla. Preparándose para estallar. Voy tan desnudo que ni me veis, parcheado de insomnio para poder amar todos los agujeros que pintas. Las letras que aplastas con las mismas yemas que agotan mi voz sin tocarla. O se mudan mis pieles agotadas. Sonrisas de cansancio en las venas. Recostado en la nada.
XXV
Vuelco las lunas en cristales de azúcar. Me sangran las uñas de oscuras. Pierdo la primera persona y escondo el verbo, mientras descoloco los versos que tú esnifas. Y me insuflo de ausencia. A robarte los vasos vacíos. Al saber huir lastimé las baldosas. Un tenedor del ayer clavado en los ojos. Ígneos de mí. Oleaje en vena.
XXVI
Ansié verte. Invitándote al humo de un erizo de huída. Sin geometrías de esta perseverante inacción de los fonemas. Quise salvajemente, escurrirme descolgándome de este pentagrama de melodía usada. Mirarte con ternura y rabia suicida para verte en los siempres que se apellidan nunca. Amé decir con los ojos; salvémonos desnudos, a nosotros y al todo. Deseé verte…pero entonces, mi mirada era ya marca y producto registrado. Preguntar sería tan idiota como bajar la rampa de un garaje e intentar saber dónde está la bicicleta con la que me estrellé tan perdido, extraño: tapándome con la sombra de las ruedas de otro.
XXVII

Si me enciendes la luz me convierto en plancton. Me resquebrajo y se me agota el niño salvaje que no sabe mirar. Arritmia de momentos. La tuerca necesaria a la que le rezo para ver si explota. Espalda contra espalda para que nadie se rompa. El escondite de la ráfaga interior. A mi voz le ronca el corazón. Quizás por eso me hundo tan bien. La colilla arrepentida es la vela del insomnio. La caída de las sienes asiduas al no. Una piscina vacía que conquistó al miedo. Poética de la desesperación. Poética de la desaparición. Poética de la desesperación.
XXVIII

No debes oírlo, pero ayer aprendí a besar respirando hacia atrás. Cuesta abajo, que no tengo voz de consejo. Cuando todo el viento sabe a veneno.
XXIX
Te dejaba pistas, de rastro. Como los gatos al amanecer con sus huellas sobre el armazón de los coches de estación durmiente. Como si el polvo, la humedad sucia, o el barro seco de esas pisadas fuese el de un color de tiza tan especial como imperfecto. Tuberías de la fatalidad. Bajo el agua con mi desorden ciego. Crujiente nicotina pegada a los dedos. Vino la harmónica a morirse por correo. La escucha a quemarse en la cuadrícula. Los círculos a nadar en la yaga del ahogo. Era absurdo poner cara de frío y sorpresa. Y los lunes no respiran bien. Acabé por salirme del penúltimo despacho. Suelen anunciar en sus paredes cuadros con la tranquilidad en paradero desconocido. Sin poner títulos o diplomas excesivamente a la vista. Te propondremos que estés enfermo pero sin salpicar demasiado, no se agobie. Podría haberme quedado. En realidad, les apetecía bastante más que a mí. Cualquiera que no fuese yo consideraba mucho mejor esa posibilidad estancada. Tal vez son las órbitas intergeneracionales, esas de las que tanto hablan en telediarios o reportajes cuando fingen que les preocupa este o aquel país. Si no se rozan sucumbe el movimiento a quedarse callado dentro de un diccionario. Y la vida tendría esa calma de secadora en verano. Un absurdo agotado que nadie se empeña en saborear y que al regresar las lluvias, seguiría calentando y soplando vapor, pero sin saber girar de pura atrofia para que las cosas no bailen cabeza abajo nunca más. Así se evitan las preguntas que no consiguen esquivar. Alimento de indefensión. Cuando intenten resolverlo por ti y vean asomar la quietud de nuevo, no habrán comprendido nada. Prefería contar cuentos sentado en alguna plaza que quedarme sosegado en un listín de ayuda especialista. Expuesto a los martes que son muebles rotos. Me encantaba el corrector bucal de la sonrisa de la luna. Un día iré, me dije. Afonías feroces. La última cornisa del adiós.
XXX
(...)garabateaban el gateo de las líneas del caos. como ozono,en puntos suspensivos...

20 de noviembre de 2008

tres cés de unoochenta (c.c.c.)

El suelo de madera de acero se vuelve conocido cuando hacia abajo mira. como en escotilla. el mechero caído sin rodar en escorzo, amarillo sobre el parqué se hace conocido aún más, muy conocido; como casi teniendo memoria nosuya. de otros tantos pantalones desmayados a esas horas de llegadas sin puntilla de clavijas...antes raídos de gastarse a sí que sucios de pelearse a correr más que los raíles de este último tren.
el día que el carpintero se comió una ventana con una mesa o el queso se fué haciendo más pequeño hasta perderse por la mesa de un desayuno de sol. y el caso es que las escaleras mecánicas no parecían de óxido pero afectaron al espejo de espera-s. eso: ayer. las subíamos juntos o se nos perdió al bajar, pero no al bajar de descenso sino de los peces sin aire. sobre lo abisal, sin eme, de mañana o de mañana que tanto despierto a verle las velas puestas en las nubes raídas del frío tan temprano que gastan las suelas de los zapatos de cerca. tu lejos posesivo de no poseer. y yo sin graduar todavía. más daltónico y huérfano también de no saber estarlo, pero de mí.
de momento, en el que somos. ni ser. no hay que hablar de cristales por si los reflejos tornasen decrépitos, no por desmemoria, y entonces el espejo se vacía sin direcciones. no se entiende que sea. antigïüo, con diéresis, de no serlo ya el espejo. o sombras de gris a botardhadas esdrújulo de saberse un sabor sin brújula. muerte de haber sido respirado así por nadie más
no sé si hay mundo o pelota. pero crece o se desviste de tanto doler-se. y por más que tirita enfrente del colchón linchado al suelo sin intermediarias intermitencias, no reviste de cura alguna o apósito desvelado a propósito con la excusa de entizar los sub-suelos de tus sueños, no encuentra la pared gritante y muda del que aparezcas. y espera. atardece, pulsa para mentir. y pensando en no sé que tejados que no ha visto, sino tus pies y la pregunta a dónde, sacude esa quietud de: esperemos que el siguiente título no lo dicte la pelota .
no se cree único, pero es el único que no puede quejarse. aunque haya perdido la ropa de aguas robada con todos los carnets sin caducar y le quede solamente el polar sin fin del mundo
jabones de papel. aviones sin descontar. mañana rodaré más. cama salvaje o tuerta. o una foto en los ojos. vientos con peinados que derrotan cualquier esquina de autobús hasta que el re: cuerdo sea transporte público, aunque de gratuito no tenga nada. costes de reducción.
los metros que no fueron medida ciéntifica ni método, al hacerle bailar las papeleras encima de cada milímetro de soplos funcionales de lo que no funciona con diagnósticos.
entregar todo lo que se captura, letras mudas torceduras acentos del otro mar e indicios indios incluídos.
desde las estaciones de tren huelo el mar, tan sordo como las ventiocho grafías que vienen de donde se pierde todo el todo de hasta sentirse sin nada.
no te compagines con lo directo escueto. el puntito más suspensivo de la vocal se sabe funambulista de cada equilibrio deshecho equidistancia. y se revuelve de guardarse explosiones, que no sabe de colores y huye de fácilblancoynegro. no acudas eh. para.mañana.más.suicidio.sién.ta.te del revés ya hacía gracia.
vamos a hacer tanto ruído...
que nos pondrán nombre.
y las estrellas saben de atropellos o los atropellos de estrellarme. espera a que la gasolina se evapore de la mezcla. y al final no pudimos ir a buscar setas. aunque los cuchillo no recuerdan si estaban en el coche o eran cosa de la carreguerra, perdón: carretera.
ya sabía que era otoño y eso... es muy fotográfico. no me importó el parecido. no tenía a quien contárselo.
sonríe. aunque no coma puntos suspensivos; y fume con el estómago vacío.

4 de noviembre de 2008

-1

el día que empecé a huír de todo este sin tí me puse una sudadera de color granate daltónico porque llevaba tu nombre dentro

3 de noviembre de 2008

14

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respirando a perder donde no reside jamás lo invicto

2 de noviembre de 2008

88:89

de las veces que los botones raídos le dieron la espalda al papel queda la vuelta al cole de una gran superficie comercial, y este pequeño mechero daltónico de memoria que me acompaña entresuspiros de lente de muerte lenta.

la llamada de la felpa para besar el suelo derrotado en cualquier reflejo de charco delante de una puerta sin sentido. como caída la compañía no tiene porque ser grata pero un punto, de sutura, ingrávito suma casi siempre una desdicha acomodable a la insensatez del extravío sin autobús pendiente de mil sortilegios de caminos que no cruzan

los problemas puntuales no se arreglan corrigiendo la puntuación
maldito roedor
y todas las zanahorias del mundo..sean o no automáticas

las banquetas no poseen puntos de sutura

no hay lugares secretos lejos de lo invisible,
ni puentes que caigansin disputa

ah, sí. el silencio recome todas las puertas y las avenidas de la nieve que no vimos
todo el miedo es subterráneo

otro día leeremos de los peces
corriente o no
a-fundirse

tez

detrás de tu mirada aún no sé si cabe todo el humo de los acordeones que perfilan el vientre del frío

no polar ni ártico, que aún no rebusqué la tiza
desde todos los gritos en monocromo

en lo escrito no hay nada descrito, ayer tampoco me dejaron ingresar por ventanilla cada una de aquellas cicatrices. y sigue la factura cobrada sin pagar...y sigue la fractura quebrada sin ahogar..

boca de pez tienen todos los libros
en este mundo revientan tantas cajas de cartón
siempre...

29 de octubre de 2008

...

how long little girl